miércoles, 14 de diciembre de 2011

Al borde

"Quien no tiene alas no debe tenderse sobre abismos" Nietzsche

El aire arrastraba consigo partículas de soledad y olvido; arrastraba penas y lamentos; arrastraba miedo y sufrimiento. Con cada suspiro una cadena se aferraba a su alma; con cada caricia sus sueños se rompían. En un instante la realidad lo golpeó fuertemente y lo obligo a abrir los ojos. Ante él, sobresaliendo de la penumbra, el abismo de los susurros se alzaba imponente.

-Salta-dijeron distintas voces muy cerca de su oído; asustándolo, aterrorizándolo.

Volteó nervioso tratando de ver algo pero no había nada. Estaba sólo en ese lugar. Sin embargo, al regresar su mirada se dio cuenta que ahora el abismo estaba a sus pies. Sus dedos desnudos ahora rozaban el borde frío y cortante de las rocas. Quiso gritar, pero su voz no respondió a sus deseos. Las rodillas le temblaban y el viento soplaba en su espalda.

-Salta-repitieron las distintas voces

-N.. No p..puedo-tartamudeó sin quitar su vista del fondo de aquel inmenso barranco

-¿Por qué?-preguntaron curiosas -¿A que le temes? ¿Qué tus alas no sirven?-


¿Alas? Suavemente volteó la cabeza y de reojo observó aquel par de inmensas alas que salían de sus omoplatos. Con un solo pensamiento logró que se movieran, pero dicha acción sirvió simplemente para atemorizarlo aún más. ¿Cuándo habían salido? ¿Cómo? ¿Por qué?

-¿Qu.. qué está p..pasando?-por un momento se sintió estúpido. ¿A quién se supone que le hablaba si no había nadie ahí?

-Salta-insistieron las voces sonando cada vez más ansiosas.

La inseguridad lo había hecho su víctima, nuevamente. El temor a morir una vez que saltara lo tenía petrificado, pero las voces eran insistentes y cada vez sonaban más molestas: impacientes. Sus alas seguían batiendose detrás de él; podía oír y sentir el aire entre sus plumas.

-¡SALTA!-rugieron desesperadas las voces: mortales.

Notó la amenaza implícita en aquel grito, tenía que hacerlo o ellas lo empujarían. Quiso estar seguro de que sus alas funcionarían así que intento moverlas nuevamente, pero en esta ocasión no hubo respuesta. Una gota de sudor frío recorrió su frente justo cuando buscaba el motivo de aquella parálisis. Y entonces las vio. Unas inmensas cadenas impedían que sus alas se movieran, no podía hacer que se alzaran ni un poco del suelo.

Las voces rieron, disfrutaban de verlo sufrir. Moriría y no podía hacer nada al respecto. Todo se había acabado. Ya no había esperanzas para él.

-Sólo hazlo-dijo de pronto una voz suave y tierna que provenía de su lado derecho -No pienses. Sólo hazlo- dijo una pequeña rubia que mantenía sus ojos carmesí en él.

La niña expandió sus alas y le regaló una sonrisa infantil antes de saltar. Él quiso gritar, quiso detenerla, pero no podía moverse. Sus ojos estaban fijos en la negrura del fondo del abismo, en donde pensaba que estaría el cuerpo inerte de aquel ser. No obstante, la figura de la niña empezó a alzarse batiendo sus alas.

-Sólo hazlo- repitió sonriente cuando estuvo frente a él.

Las voces se habían callado y un profundo silencio se adueño del lugar. Inspiró profundamente y cerró los ojos. Tenía miedo. Su respiración se hizo más pausada, lentamente iba tranquilizando su ser. Poco a poco iba eliminando cualquier pensamiento de su mente, tenía que dejar de pensar. Dejar de previsualizar su caída, dejar de pensar que moriría. Aquello era algo totalmente nuevo para él y no tenía otra opción, tenía que hacerlo.

Sintió como el peso de las cadenas desaparecía al dejar de pensar. Sintió como la adrenalina empezaba a invadirlo y a ganarle terreno al temor. Abrió los ojos y sin pensarlo dos veces saltó.

1 comentario:

Artemis K. Wolf dijo...

adkasdkjmcadojaksjañoijsdo!! Hermoso!! Odiar la entrada!? estas loca mujer!! esta bellisimo!! :3 sin palabras!! simplemente bello! tendra continuacion o ahi terminara!?